Deuda Pública de Paraguay: Descripción, análisis y desafíos
A modo de entender el proceso que ha tenido la Deuda Pública en Paraguay es necesario recapitular eventos puntuales que p ... Leer Más >>
Una de las regiones del mundo más afectadas por la pandemia ha sido América Latina. El impacto social y económico no ha podido ser cuantificado en su real dimensión, pese a algunas estimaciones realizadas por diferentes organismos internacionales. Dentro del espectro social, la educación sigue tan impactada como aquel periodo que marcó el inicio de la crisis sanitaria y cuyos efectos negativos seguirán en el corto, mediano y largo plazo.
Un reciente estudio del Banco Mundial denominado “Actuemos ya para proteger el capital humano de nuestros niños: Los costos y la respuesta ante el impacto de la pandemia de COVID-19 en el sector educativo de América Latina y el Caribe” revela datos y presenta proyecciones poco auspiciosas si no se implementan acciones y políticas que reviertan el escenario.
El organismo estima que en la región podrían existir 7,6 millones de nuevos “pobres de aprendizaje”, es decir, dos de cada tres estudiantes en educación primaria no serían capaces de leer o comprender un texto sencillo adecuado para su edad. Esto, asumiendo un cierre de escuelas promedio equivalente a 70% del año académico.
En tanto que la situación podría agravarse en este ciclo académico si se consideran otros parámetros como el aprendizaje brindado en la escuela, tomando el cierre por 10 meses de los centros y en el caso de que no se registre una reapertura inmediata. Bajos las mencionadas condiciones, el BM pronostica una pérdida de casi 1,3 años de escolaridad ajustada por la calidad del aprendizaje (LAYS, por sus siglas en inglés).
Para el caso del primer ciclo de educación secundaria y bajo el supuesto de que la interrupción escolar sea de 13 meses, la pérdida podría llegar a 1,7 años. Así, para los estudiantes de secundario, el escenario tampoco es alentador, ya que el 71% podría caer por debajo del nivel mínimo de rendimiento, de acuerdo con el puntaje en la prueba PISA, desde un nivel pre-COVID-19 de 55%, lo que implica que más de dos de cada tres estudiantes no serían capaces de comprender un texto de extensión moderada.
La brecha socioeconómica también terminaría por acentuar el rendimiento académico, ya que los estudiantes en el primer ciclo de secundaria en el quintil superior de la distribución de ingresos tendrían casi 3 años de escolaridad más que los situados en el quintil inferior de ingresos.
• ¿Costo económico de las pérdidas de aprendizaje?
Como se ha observado, los indicadores actuales y proyectados son el reflejo del impacto de la pandemia, que afectará, indefectiblemente, en el mediano y largo plazos, al retroceso en el capital humano y productividad, dos indicadores que, si bien han mostrado mejoras, se caracterizaban por serias debilidades en la pre pandemia. Esto, producto, entre otros factores, por una crisis de aprendizaje que ya reflejaba la mayor desigualdad, a nivel mundial, en el acceso a una educación de calidad.
De acuerdo con los cálculos realizados por la Banco Mundial, las pérdidas de aprendizaje podrían traducirse en un costo económico total, medido en términos de pérdida de ingresos futuros a percibir, de hasta US$ 1.700 millones de dólares, tomando en cuenta dólares de paridad de poder adquisitivo — PPA— (de 2017) y una duración estimada de 10 meses de cierre de escuelas.
• ¿Qué dicen los números de Paraguay?
La población de Paraguay, excluyendo Alto Paraguay y Boquerón, está conformada por 7.200.000 de personas. De este total, el 35% agrupa a niños, niñas y adolescentes, es decir, las edades de alrededor de 2.500.000 se encuentran entre 0 a 17 años.
Al desagregar por grupo etario, 667.241 personas tienen entre 0 a 4 años; 720.501 cuentan con 5 a 9 años; 685.305 personas tienen entre 10 a 14 años y el grupo con 15 a 17 años, totalizan 438.053 personas, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE- 2020).
En el país, el 92,8% ó 1.843.859 de la población de 5 a 17 años asiste a una institución de enseñanza formal. En el agrupado de 5 a 9 años, se observa que la tasa es del 95%, entre los que tienen 10 a 14 años el porcentaje se ubica en 96,4% y para las edades que comprenden a los estudiantes de la educación media de 15 a 17 años, la tasa se reduce, ubicándose en 83,5%. Al comparar con el 2019, año de la pre pandemia, los datos del INE muestran una tasa levemente superior del 93,4% de niños, niñas y adolescentes que asisten a un centro educativo con una población total, en el mencionado grupo, de 1.821.122 personas.
En lo que respecta a la condición social, al 2020, el 63,7% de la población de 0 a 17 años (2.508.328 personas) se encontraba fuera de la pobreza, siendo mayor en el área urbana (67,2%) y menor en la rural (58,5%). La pobreza no extrema afectó al 30,5% del total y la condición de indigencia al 5,9%. Para ambos, las zonas rurales cargan con la mayor cantidad de niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Al observar los datos de 2019, se coteja que en el año antes de la crisis, la población de 0 a 17 años era mayor con el 67,5% del total con el agregado también superior en las zonas urbana (73,7%) y rural (58,9%).
En tanto que en el estatus de pobre no extremo y extremo, el Instituto Nacional de Estadística revela que el 26,5% y 6% del grupo de niños, niñas y adolescentes se encontraban en las respectivas condiciones. Al desagregar por grupos de edad al 2020, los datos muestran que la población entre 10 y 14 años lidera el estatus de pobre extremo y no extremo, tasa que se arrastra del año 2019. Mientras que los adolescentes de 15 a 17 años constituyen la mayor población fuera de la pobreza.
La fina línea que separa las condiciones de pobreza sigue siendo uno de los principales factores para el acceso a la educación primaria y secundaria. Es decir, la falta de recursos para mantener el costo académico, pese a la cierta asistencia estatal, es aún el limitante para que los niños, niñas y adolescentes puedan asistir a un centro educativo. La situación se ha profundizado con la pandemia y ha interrumpido las clases presenciales para volverlas a distancia o híbridas, bajando considerablemente la calidad del aprendizaje y multiplicando los costos de las familias, lo que ha sido determinante para la deserción escolar en los últimos dos años.
• Capital Humano y las carreras del inminente futuro
De acuerdo con el informe del Banco Mundial, la pérdida promedio de clases en Paraguay fue de 7 meses, muy cercano a los 7,7 meses registrados en América Latina y el Caribe.
Un material elaborado por Humberto Colmán, miembro del directorio del Banco Central del Paraguay (BCP) titulado “Productividad, capital humano y reformas” presenta un ejercicio de productividad laboral en el país. “Suponiendo que la pérdida de aprendizaje sería permanente, se podría afirmar que 7 meses de pérdida de aprendizaje o escolaridad, resultaría en un retroceso del 2,7% en la productividad laboral en Paraguay, lo que sería un efecto negativo y duradero sobre el ingreso de los trabajadores. Con el paso del tiempo se acumularía una diferencia sustancial en el nivel de ingresos, pudiendo también reducirse el ritmo de crecimiento a futuro”, expresa el escrito.
Los datos compartidos en esta entrega muestran el complicado escenario que se presenta para el potencial de desarrollo y crecimiento de Paraguay. Por tanto, se torna clave el diseño de una política educativa a ser impulsada de manera urgente, que permita, de alguna manera, reencauzar las pérdidas de conocimiento y habilidades del capital humano del país a las necesidades de la post pandemia. Un mercado laboral que experimenta el aceleramiento de una economía basada en la conectividad y comunicación digital, que, por ende, hace necesario un cambio en el sistema educativo y los modelos de formación, que apunten a una combinación de competencias tecnológicas, sociales y cognitivas (Banco Interamericano de Desarrollo- BID).
Incluso, existen profesiones que se presentan con grandes potencialidades tal como refiere el informe de Carreras Emergentes de Pearson, que posiciona a estudios y especialidades en ciberseguridad, ciencias ambientales o los eSports como los que se perfilan con mayor oferta.
Finalmente, Paraguay al igual que los demás países de la región, se enfrenta al desafío de trabajar sobre las pérdidas de aprendizaje en niños, niñas y adolescentes y encaminar sus potencialidades con una malla curricular que se ajuste a las tendencias del mercado laboral. Una educación de calidad, fortalecerá el capital humano que podrá traducirse a mayor productividad y motorizar el desarrollo y crecimiento económico del país.